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Opinión.
Ruta 18, o la fatalidad con nombre propio
En tiempos que me desempeñaba en el Poder Judicial de Entre Ríos, viajaba semanalmente, en mi automóvil particular (nunca usé vehículo oficial,) entre Paraná y Concordia, a través de la Ruta N° 18.
Ruta 18, o la fatalidad con nombre propio

En 2011 se anunció “con bombos y platillos” la conversión de dicha arteria en autovía de doble carril.

Pero fue recién varios años después, cuando se habilitó el primer tramo, que iba desde General Campos a Jubileo, soslayando la entrada forzosa a la zona urbana de San Salvador.

Sin embargo la ventaja, en cuanto a comodidad y tránsito seguro, que implicaba el nuevo trazado duró poco: no tardaron en aparecer enormes pozos, en ambos carriles de la flamante autovía.

En oportunidad de un viaje a Paraná, y alarmado por haberme topado con uno de ellos, con dimensiones casi de cráter lunar, que por poco me destroza el tren delantero, decidí ponerme en contacto con alguna autoridad provincial para alertarlo de tal anomalía.

Aproveché para ello mi asistencia a un acto protocolar, estaba ausente el entonces Gobernador Bordet, y la ceremonia era presidida por la Sra. vicegobernadora, a quien hice conocer detalladamente la circunstancia aludida.

Creo recordar que se manifestó sorprendida, pero tomó nota y me aseguró ocuparse del tema.

No sé si a raíz de eso, pero, efectivamente, poco después, se anunciaba la clausura temporaria de uno de los carriles, para proceder a su reparación.

Sin embargo, ello no sólo no ocurrió, sino que, a continuación se cerraba también el carril alternativo. Es decir, el transito debía volver a hacerse, como antes, por la ruta vieja, mano única de ida y vuelta, atravesando la ciudad de San Salvador (camino, valga acotar, que tampoco en óptimas condiciones).

La reparación de la autovía se demoraba ostensiblemente; según un conocido que había trabajado en la obra existían deficiencias de material, y defectos de construcción tales que “prácticamente había que hacerla de nuevo”, a un costo similar a su construcción original.

Agregaba -mi amigo- referencias varias relativas a consabidos temas de corrupción en obras viales, similares a los protagonizados por el célebre “Lázaro” patagónico.

Carezco de conocimiento técnico y elementos suficientes para hacerme cargo de esto último: pero no es necesario ser especialista en la materia para advertir que, si una obra recientemente inaugurada, aparece en breve lapso en estado de calamitoso deterioro, hay motivos para pensar que algo no funciona bien.

Lo cierto es que aún a la fecha, pasado General Campos, la autovía continúa cerrada al tránsito vehicular.

¿Corrupción?, ¿desidia?, ¿falta de plata?

No abro juicio, hago estas referencias, pues, como es de público conocimiento, días atrás, en la ruta de obligada circulación que debe atravesar San Salvador, un tremendo accidente ha costado la vida a un amigo personal y afín en simpatía política, conocido profesional de Concordia, maestro y abogado, ejemplo de lucha y superación, persona muy querida en los medios que le tocó actuar.

No repuestos del impacto de esta dolorosa pérdida, pocas horas después tomamos conocimiento de otra tragedia automovilística ocurrida también en la misma Ruta 18, Las Tunas, cercanías de Paraná, con la muerte de cuatro trabajadores, al parecer, vinculados a la empresa ENERSA.

Repito, no se trata de echar culpas: desde que desconocemos los detalles acerca de la mecánica de estos accidentes, no se nos escapan los imponderables y las infinitas circunstancias que pueden conducir a tales tragedias.

Pero hay algo que surge con toda evidencia: en ambos casos –así lo relata la crónica- se trata de un choque frontal.

Imposible de ocurrir, si los automotores circulan en dos carriles diferentes.

Como debiera ser, si se encontrare en condiciones, habilitada y operativa, la autovía entre Concordia y Paraná , que se nos anunció a los entrerrianos hace ya cerca de 15 años.

Fuente: Elentreíos.com.ar


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