El reclamo no es nuevo ni desmedido. Desde mayo del año pasado, los vecinos vienen solicitando una intervención mínima pero urgente: el enripiado de una calle de tierra que, en condiciones climáticas adversas, impide el ingreso de vehículos particulares, servicios esenciales y, lo que resulta más alarmante, ambulancias. La intransitabilidad no solo complica traslados; altera la rutina diaria, dificulta el acceso al trabajo, a la escuela y expone a los habitantes a situaciones de riesgo que podrían evitarse con una obra básica.
La problemática no termina allí. En un barrio que crece y se consolida, también emerge la necesidad de un espacio público que favorezca la convivencia y el encuentro. Una plaza, un área verde o un sector de juegos infantiles no son un lujo: son parte del entramado urbano que garantiza calidad de vida, integración y pertenencia comunitaria. Hoy, esa demanda elemental sigue sin respuesta.
El silencio oficial frente a estos reclamos genera desazón y una sensación de abandono que duele. Las políticas urbanas no solo se miden en grandes obras o anuncios, sino también en la atención de estos pedidos concretos que hablan de dignidad, equidad territorial y el derecho a una mejor calidad de vida. Los vecinos de Planta Emisora no piden privilegios: piden ser escuchados y que su barrio deje de quedar, cada vez que llueve, al margen de la ciudad.
